Veinte minutos en un autobús urbano pueden resultar aburridos, e incluso enervantes. Siendo víctima, en hora punta, de inumerables pisotones, codazos y empujones acompañados, y solo en contadas ocasiones, de un silencioso "disculpe".
Pero cuando te paras a observar a la gente que tienes a tu alrededor, gente que, puedes formar parte de su vida, de una forma u otra, sin tan siquiera saberlo. Con quién todos los dias compartes bus y puede que seas "aquel del L1 de las 8" y que, si un dia pierdes el bus, o estas enfermo, se sorprenda y se pregunte el porque no estas ahi, aunque tan solo sea hasta que llegue a su lugar de destino. Gente, que forma parte de la tuya ignorando por completo tu presencia.
En la ciudad, lugar de oportunidad o marginación, un asiento vacio junto a otra persona cerca de donde te encuentres siempre será menospreciado por otro completamente solo, por lo menos hasta que a alguien no le quede mas remedio que senterse junto a ti.
Pero porque asi, ¿porque sentimos esa aversión ante el sentir cercana a otra persona a quien no conocemos, a pesar de que temos la certeza de no volver a encontrarnosla en mucho tiempo?
Nos sigue costando no evitar al diferente, es más fácil rechazar lo extraño, por lo menos, si no resulta de nuestro agrado.. visual.
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