Hoy un mar de mentira jugaba a dibujar olas con la arena, y el silencioso sonido que deja la ausencia se colaba por cada centímetro que les separaba. Su pelo, ondeaba con una brisa que olía a ocle, como queriendo formar parte del indescriptible momento que estaba teniendo lugar.
Las nubes acudieron para teñirse de color atardecer, y unos envidiosos farolillos prendieron lo que para él parecían ser unos hipnóticos luceros anaranjados.
Todavia no la habia mirado. Y es que los reencuentros inesperados no siempre producen la sensación que se aguarda.
¿Sabes ya lo que se siente al no sentir nada? - le preguntó ella con la mirada de quienes se anhelaron durante toda una vida
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